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Colorear por números para iPhone

Nunca un anuncio sobre el dibujo.

Mandalas, rosetones y geometría de celosía, dibujados para llenarse despacio y no para terminarse deprisa. Doce colores por lámina, una lupa para lo estrecho y ninguna penalización por tocar donde no era.

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iPhone · gratis · sin anuncios ni cuenta, funciona en modo avión

Lo que hay dentro, sin adornos

Tocar donde no era no cuesta nada

Si tocas una zona que no pertenece al color seleccionado, la aplicación no hace absolutamente nada: no la rellena de otro color, no descuenta nada y no muestra ninguna advertencia. Como no ha pasado nada, tampoco hay nada que deshacer, y por eso aquí no existe ni el botón de deshacer ni la goma. La premisa entera del diseño es que abres esto para estar tranquilo, y un mecanismo que castiga a un pulgar impreciso trabaja justo en contra de esa premisa.

Una lupa para lo estrecho

Mantén el dedo pulsado y sobre el lienzo se levanta una lupa de 2,4 aumentos con una cruz en el centro, de modo que ves la zona que hay debajo del dedo en lugar de adivinarla. Al soltar se rellena aquello sobre lo que estaba la cruz. Esa ida y vuelta de ampliar y volver a reducir para cada pieza minúscula, que es la parte más cansada de colorear por números, se sustituye por ese único gesto.

El toque cae donde tú querías

Incluso con lupa, la yema de un dedo cubre muchas zonas a la vez. Por eso un toque no se lee como un solo píxel: la aplicación toma un pequeño círculo alrededor del punto de contacto, cuenta cuántas veces aparece cada número de zona dentro de él y se queda con el más frecuente de los que todavía están sin rellenar. Ese círculo mide unos catorce píxeles de imagen cuando la lámina se ve entera, y se encoge conforme amplías: la precisión sigue al zoom sin que tengas que ser preciso tú.

El color elegido, señalado allá donde esté

Al elegir un número, todas las zonas sin rellenar de ese color se marcan a la vez en la lámina entera. Hay tres formas de marcarlas —un gris liso, un damero y un contorno que late— porque cuál se lee mejor depende del dibujo y también de tus ojos. Cuando terminas un color, la aplicación pasa sola al siguiente que quede pendiente.

Un botón «siguiente» para dejar de buscar

Lo pesado de una lámina grande son las últimas piezas de un color, repartidas justo por donde no has mirado. «Siguiente» desplaza la vista hasta una de ellas. Ahí está la diferencia entre una lámina que se acaba y una lámina que se abandona al 96 %.

Dibujos hechos para adultos

Mandalas, medallones de peonías y de vides, paneles de damasco, rosetones y geometría estrellada de tradición islámica. El original se genera con simetría estricta y solo después se trocea en zonas, y por eso el motivo sigue siendo un motivo a la escala de un solo pétalo, en vez de deshacerse en una nube de puntos. Aquí no hay ni un dibujo infantil.

Te espera tal y como lo dejaste

El avance se guarda en el propio dispositivo, un byte por zona, escrito a medida que coloreas. Cierra a mitad de una lámina, vuelve la semana que viene y el lienzo estará como lo dejaste. Las láminas terminadas se reúnen en «Mis obras», desde donde se pueden compartir o vaciar para empezarlas otra vez.

Rápido por cómo está hecho

La lámina la dibuja un shader de la GPU a partir de dos imágenes: un mapa de a qué zona pertenece cada píxel y una tira de color diminuta. Rellenar una zona consiste en cambiar un byte de esa tira. El mapa, que tiene más de un millón de píxeles, no se vuelve a tocar después de cargarse; por eso el relleno es instantáneo incluso en el iPhone más antiguo compatible y por eso la batería ni se entera.

Cómo una lámina se vuelve tocable

Una lámina de colorear por números no es un dibujo con números encima. Son dos imágenes y una lista, y así encajan entre sí.

  1. Cada zona recibe un númeroLa ilustración se cuantiza primero en superficies de color plano, y cada superficie conectada pasa a ser una zona con su propio número. Las superficies demasiado pequeñas o demasiado finas para acertarles se fusionan con sus vecinas antes de que nada salga de la fábrica.
  2. Los números se guardan como una imagenLos números de zona se escriben en un PNG sin pérdida: el canal rojo lleva el byte alto del número, el verde el byte bajo y un canal azul de 255 marca que ese píxel es contorno. Para un ojo humano es ruido; para la aplicación es una tabla de consulta.
  3. La paleta es una tira de doce casillasCada lámina lleva doce colores, que se convierten en una textura de doce píxeles de ancho. Cada píxel guarda el color, y su byte de transparencia se usa como bandera: relleno, sin rellenar, o seleccionado y por tanto resaltado.
  4. El shader junta las dos cosasPara cada píxel de la pantalla, el shader lee el número de zona en el mapa, busca ese número en la tira de color y dibuja el color, el tono de «sin rellenar», el resalte o el contorno casi negro. Ocurre en la GPU, en cada fotograma, para todo el lienzo.
  5. Rellenar es cambiar un byteAl tocar, la aplicación cambia un byte y reconstruye la tira de doce píxeles: unos pocos kilobytes. No vuelve a recorrer el mapa de zonas, no repinta ningún mapa de bits y no reserva nada grande. Toda la sensación de que va pegado al dedo viene de ahí.

Dos detalles sostienen todo esto: el mapa de zonas tiene que muestrearse por vecino más cercano, porque cualquier interpolación entre píxeles contiguos inventaría números de zona que no existen; y tiene que subirse sin etiqueta de espacio de color, porque una sola conversión cromática corrompería esos números en silencio.

Qué sale de tu teléfono

Nada. Todas las láminas viajan dentro de la aplicación, así que el primer arranque funciona con el teléfono en modo avión y no hay nada que ir a buscar.

No hay cuenta ni inicio de sesión. La aplicación genera en el propio dispositivo un identificador anónimo, únicamente para que las filas de su base de datos local tengan una clave. No se envía a ninguna parte, porque no existe ninguna parte a la que enviarlo.

Tu avance, tus láminas terminadas y tus ajustes viven en una base de datos local y se borran junto con la aplicación. Sin SDK de analítica, sin SDK de publicidad y sin informes de fallos que se lleven tus obras dentro.

Compartir una lámina terminada usa el panel estándar de iOS, así que la imagen va adonde tú la mandes y a ningún otro sitio.

Precio

Gratis. La versión 1 no tiene compras dentro de la aplicación ni publicidad de ningún tipo: ni banner, ni interstitial, ni vídeo a cambio de una pista.

Si algo de esto cambiara alguna vez, hay una línea que no se moverá, y está escrita en el propio contrato interno de la aplicación: nada encima del lienzo. Nunca se ha colocado un anuncio sobre el dibujo y nunca se colocará.

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Lo primero que suele preguntarse

¿Qué pasa si toco la zona equivocada?

Nada. El toque se ignora sin más. No puede quedar rellenada de un color que no toca, así que no hay nada que corregir ni ninguna necesidad de deshacer.

¿Cómo se rellenan las zonas muy pequeñas?

En lugar de tocar, mantén pulsado. Aparece una lupa con una cruz en el centro; la desplazas hasta la zona que quieres y se rellena al levantar el dedo. Ampliar la imagen también reduce el radio de corrección del toque, así que cuanto más amplías, más fino hilas.

¿Hace falta conexión a internet?

No. Todo está ya dentro de la aplicación, y la aplicación no hace ninguna petición de red.

¿Puedo repetir una lámina que ya terminé?

Sí. Las láminas terminadas quedan en «Mis obras» con una opción para volver a pintarlas que las devuelve a blanco.

¿Se ven los números sobre el lienzo?

Aparecen cuando has ampliado lo suficiente para leerlos. Por debajo de ese tamaño, la lámina quedaría enterrada bajo una capa de cifras y se leería peor. Mientras miras el conjunto, usa el resalte de color: te muestra de una vez todas las zonas del color elegido.

¿Es para niños?

No está pensado para ellos. Los dibujos son mandalas, rosetones y trabajo geométrico dirigidos a adultos, y además la aplicación no recoge nada de nadie.