Colorear por números y el estado de flujo: por qué no es flow, y por qué da igual
El flujo necesita un reto que ponga a prueba la habilidad, y colorear por números no tiene ninguno por diseño. Lo que se obtiene es otra cosa, con otro nombre, y es perfectamente buena.
El término flow, flujo en su traducción habitual, viene del psicólogo Mihály Csíkszentmihályi y describe un estado bastante específico: absorción completa en una actividad, con pérdida de la conciencia de uno mismo y una percepción alterada del paso del tiempo. Se cita con frecuencia a propósito de colorear por números, y casi siempre de forma imprecisa.
La imprecisión importa poco para pasarlo bien y bastante para entender qué se está haciendo, sobre todo porque la etiqueta equivocada genera expectativas que la actividad no puede cumplir.
Qué pide el flujo, en la formulación original
Las condiciones que se describen en la formulación clásica son varias, y dos de ellas hacen casi todo el trabajo. La primera es que los objetivos estén claros y la realimentación sea inmediata: hay que saber en todo momento qué toca hacer y si ha salido bien. La segunda, la decisiva, es un equilibrio entre el reto y la habilidad, con el reto situado ligeramente por encima de lo que se domina con comodidad.
Ese desajuste controlado es el motor del estado. Si el reto queda muy por encima de la habilidad aparece la ansiedad; si queda muy por debajo aparece el aburrimiento; el estado solo se sostiene en la franja estrecha en la que la tarea exige lo máximo de lo que uno sabe hacer, sin pasarse.
Colorear por números no cumple la condición principal
Y no la incumple por accidente, sino por diseño. La composición está decidida, la paleta está elegida, los límites están trazados y el número dice qué color va en cada sitio. No hay ninguna decisión que pueda salir mal, ninguna habilidad que se ponga a prueba y ningún margen apreciable en el que mejorar con la práctica más allá de ir algo más rápido.
Las otras condiciones sí se cumplen, y muy bien: el objetivo es clarísimo, la realimentación es instantánea y el control sobre el resultado es total. Por eso la actividad se parece al flujo vista desde fuera. Pero le falta exactamente la pieza que lo define, y llamarlo flujo es estirar el término hasta que deja de significar nada útil.
Lo que sí se obtiene
Hay un nombre razonable para el estado que produce: absorción cómoda. La atención está ocupada de forma continua, pero no exigida. La diferencia con el flujo se nota en la salida más que en la entrada: de una sesión larga de flujo se sale cansado, porque el estado consume esfuerzo sostenido; de una sesión larga coloreando se sale más o menos como se entró, quizá con la vista algo cargada.
Esa es precisamente su utilidad. Una actividad que ocupa la atención sin pedir nada a cambio sirve para los momentos en los que no queda capacidad disponible para ningún reto: al final de un día largo, en un trayecto de vuelta, en una sala de espera. El flujo, en esos momentos, no está al alcance de nadie, y ofrecerlo como promesa es vender otra cosa distinta de la que se entrega.
Por qué la confusión tiene consecuencias
Quien llega esperando el estado que describió Csíkszentmihályi encuentra algo mucho más tibio y concluye que no le funciona, o que lo está haciendo mal. No es ninguna de las dos cosas: está midiendo una actividad con la vara de otra, y esa vara no le corresponde.
La confusión produce también el efecto contrario, y es el que más molesta a quien ya colorea. Algunos diseños intentan fabricar el reto que falta añadiendo tiempo limitado, puntuaciones, comparaciones o penalizaciones por error. Eso introduce una dificultad artificial que no guarda ninguna relación con la tarea, y lo único que consigue es desmontar la propiedad valiosa que tenía, que era justamente no exigir nada.
Dónde sí hay flujo, muy cerca
Vale la pena señalar la frontera con precisión. Actividades emparentadas tienen curva de habilidad y sí admiten flujo, porque en ellas se puede hacer mal y se puede mejorar: dibujar del natural, la acuarela, el bordado con un patrón que hay que interpretar, o el punto de cruz cuando toca decidir el reparto de tonos entre hilos parecidos.
Colorear por números está deliberadamente al otro lado de esa frontera. Quien busque el estado que describe la teoría hará bien en cruzarla, y no es ninguna jerarquía: son dos usos distintos de un rato libre y ninguno de los dos sustituye al otro. Nada impide alternarlos según el día.
La conclusión desinflada es también la más útil: esto no es flujo y no aspira a serlo. Es una forma de tener la atención ocupada sin coste, que resulta ser una cosa perfectamente buena y bastante más escasa de lo que parece.
Preguntas frecuentes
¿Colorear por números produce estado de flujo?
Según la formulación original, no. Cumple varias condiciones del flujo —objetivos claros, realimentación inmediata, control total— pero le falta la principal, que es un reto ligeramente por encima de la habilidad. Sin reto no hay flujo, por definición.
Entonces, ¿qué es lo que se siente?
Algo que se describe mejor como absorción cómoda: la atención está ocupada de manera continua pero sin ser exigida. La prueba práctica está en la salida: del flujo se sale cansado y de aquí no, y esa diferencia es justamente lo que lo hace útil cuando no queda energía para nada exigente.
¿Añadir dificultad lo convertiría en flujo?
Convertiría la actividad en otra cosa, y probablemente peor. El tiempo limitado, las puntuaciones o las penalizaciones añaden una dificultad artificial ajena a la tarea, y lo que destruyen es la única propiedad valiosa que tenía: no pedir nada a quien la hace.
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