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Encontrar las últimas regiones sin rellenar

El dibujo parece terminado y el contador insiste en que quedan cuatro regiones. Son las más pequeñas de la zona más densa, y a escala de pantalla completa ya han sido promediadas hasta desaparecer.

Es un final característico y bastante frustrante. El dibujo se ve completo, sin un solo hueco visible, y en algún lugar de la pantalla un contador afirma que quedan cuatro regiones. Se recorre la imagen con la vista dos o tres veces, no aparece nada, y la sensación es que el recuento está equivocado.

Casi nunca lo está. Lo que ocurre es que esas cuatro regiones son, por razones estructurales, las más pequeñas del dibujo, y que a la escala en la que se está mirando la pantalla ya no puede mostrarlas.

Por qué las últimas son siempre las más pequeñas

No es casualidad ni mala suerte. Colorear es un proceso que se ordena solo hacia lo pequeño. Las regiones grandes se rellenan pronto porque son fáciles de ver, cómodas de tocar y satisfactorias de completar; además, al recorrer el dibujo buscando un número, las grandes se encuentran sin buscarlas. Las diminutas requieren atención deliberada, así que se van posponiendo sin decisión consciente.

A eso se suma que las regiones pequeñas no están repartidas de forma uniforme. Se concentran allí donde el original tenía más detalle o transiciones suaves: el ojo de un retrato, la unión entre dos motivos de una greca, la zona donde el cielo cambia de tono. En un dibujo geométrico se acumulan en el punto de mayor densidad del trazado. Es decir, las últimas regiones tienden a estar todas en el mismo barrio del lienzo, no dispersas por él.

Por qué la pantalla ya las ha borrado

Este es el punto que explica la frustración. Cuando el dibujo se ve entero en la pantalla, se está mostrando muy reducido: una imagen de varios miles de píxeles de ancho comprimida en unos pocos cientos. Para hacerlo, el dispositivo promedia grupos de píxeles del original en un solo píxel de pantalla.

Una región de tres píxeles de lado en el dibujo original, a esa reducción, no ocupa ni un píxel de pantalla. Su color se mezcla con el de todo lo que la rodea, que además ya está relleno. El resultado es un píxel que se parece muchísimo a sus vecinos. La región sigue ahí, sigue vacía y sigue contando, pero literalmente no hay ningún píxel de la pantalla que la muestre. Mirar con más atención no sirve de nada, porque el problema no está en la atención sino en que el dato no ha llegado a la pantalla.

El contorno tampoco ayuda. Un trazo de un píxel de grosor, reducido a un tercio de su tamaño, aporta un tercio de píxel de oscuridad que se promedia con el relleno de al lado y desaparece igual.

Métodos de barrido que funcionan

La conclusión práctica es que buscarlas a escala completa está condenado al fracaso, y que hay que cambiar de estrategia en lugar de insistir:

  1. Ampliar hasta escala real, donde un píxel del dibujo ocupa al menos un píxel de pantalla, y recorrer la imagen por franjas ordenadas en lugar de a saltos. Es lento, pero es el único barrido que garantiza cobertura.
  2. Empezar por las zonas densas. Las regiones que quedan están donde había más detalle, así que conviene revisar primero los ojos, las uniones de motivos y los degradados, y dejar los fondos amplios para el final.
  3. Seguir el número en lugar del hueco. Si queda una sola región de un color, ese color indica en qué parte del dibujo mirar: los tonos de piel están en la cara, los azules oscuros en la sombra.
  4. Usar la simetría cuando la haya. En una mandala o en un motivo repetido, encontrar una región vacía en un sector señala dónde mirar en los otros siete, porque el mismo detalle se repite en cada uno.
  5. Revisar los márgenes del lienzo. Las tiras estrechas pegadas al borde son fáciles de pasar por alto porque no parecen parte del dibujo, y son regiones como cualquier otra.

Si existe alguna indicación de cuántas regiones quedan por cada color, conviene usarla antes que nada: reduce un barrido de todo el lienzo a un barrido de la zona donde ese color vive.

También se puede dejar así

Merece la pena decirlo, porque la búsqueda de las últimas regiones es exactamente el punto en que una actividad tranquila se convierte en una tarea. Cuatro regiones de dos milímetros no cambian la imagen. Se pueden dejar sin rellenar indefinidamente, se puede volver otro día con más luz o con la pantalla más grande, o se puede abandonar el dibujo ahí y empezar otro. El contador es un dato, no una obligación.

Y si aun así apetece terminarlo, la manera menos irritante es tratarlo como lo que es: un barrido sistemático de un rato, mejor con la imagen ampliada y en un momento en que no se tenga prisa, no un ejercicio de agudeza visual sobre una pantalla que ya ha decidido no mostrar lo que se busca.

Preguntas frecuentes

¿Por qué no veo las regiones que faltan aunque el contador las cuente?

Porque al ver el dibujo entero en pantalla la imagen está muy reducida y el dispositivo promedia grupos de píxeles. Una región muy pequeña queda mezclada con lo que ya está relleno a su alrededor y no llega a ocupar ni un píxel de pantalla.

¿Dónde suelen estar las últimas regiones?

En la parte más detallada del dibujo, porque ahí es donde las regiones son más pequeñas: ojos, uniones de motivos, degradados. También en tiras estrechas pegadas al borde del lienzo, que se pasan por alto con facilidad.

¿Hay alguna forma rápida de encontrarlas?

La más fiable es ampliar a escala real y recorrer la imagen por franjas ordenadas, empezando por las zonas densas. Si se sabe qué color falta, ese dato acota mucho la búsqueda, porque cada color vive en una parte concreta del dibujo.

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